El rey inmundamente inmune

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Como saben todos los españoles su actual rey decrépito Juan Carlos de Borbón y Borbón es tan golfo como lo han sido siempre todos los borbones, a los que supera en degradación. Dedicó su infeliz reinado a reunir una fortuna personal calculada en unos dos mil millones de euros haciendo de comisionista, y a disfrutar de un harén de alrededor de 1.500 odaliscas, a las que hacía suntuosos regalos pagados por sus vasallos, y a las que los mismos vasallos hemos debido sobornar millonariamente para que no contasen las hazañas reales en su faceta de lector del Kama sutra en su cama.

Especialmente costosas fueron la adquisiciones de las 47 cartas manuscritas dirigidas a la condesa italiana Olghina di Robilant entre 1957 y 61, compradas en 1986 por Sabino Fernández Campo, entonces jefe de la Casa del Rey, que era una casa de putas, y los vídeos, casetes, diapositivas y carretes fotográficos que el entonces jefe de la Cama del Rey, Manuel de Prado y Colón de Carvajal, compró por cuatro millones de dólares a la ciudadana María García, más conocida como Bárbara Rey en sus actuaciones estelares kamasutreñas.

La favorita entre las 1.500 le está costando disgustos. Decía ser la princesa Corinna zu Sayn—Wittgenstein, título adquirido de uno de sus maridos, aunque ahora ha quedado reducida a usar el plebeyo apellido Larsen. Con ella estaba en viaje de novios en Botsuana cazando elefantes cuando el 13 de abril de 2012 se cayó y rompió parte del esqueleto, por lo que quedó inhábil y se terminó la relación. A la falsa princesa le hizo lujosos regalos en dólares y en especie, entre ellos un aparatoso anillo de pedida para que se casara con él en cuanto consiguiera el divorcio de la madre de sus hijos.

La pícara Corinna, una vez rota la relación, le ha denunciado ante la Justicia británica por acoso y difamación entre 2012 y 20, reclamando una indemnización por daños y perjuicios, así como  una orden judicial de protección, ya que le acusa de haber ordenado a Félix Sanz Roldán, jefe del Centro Nacional de Inteligencia, que registrara su domicilio con ánimo de robar algo que al parecer compromete al actual rey decrépito.

El Tribunal de Apelación de Inglaterra y Gales ha rechazado este 6 de diciembre de 2022 la demanda sobre las actuaciones juancarlistas anteriores a su abdicación el 18 de junio de 2014, al estar cubiertas por la inmunidad que concede la vigente Constitución española al monarca.

Así lo dicen el tercer punto del artículo 56, según el cual “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, y el segundo punto del artículo 64, que afirma que “De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden”. Es una ventaja de los monarcas, que no tienen los presidentes de las Repúblicas, y una desventaja para sus vasallos.

De modo que el rey decrépito era totalmente inmune a todos los cargos delictivos que se le hicieran mientras fue rey titular. Hay que aceptarlo porque lo dispone la Constitución vigente, pero existe una responsabilidad ética además de la penal, que un rey no puede soslayar. El ahora rey decrépito es culpable moralmente ante la nación por los hechos delictivos que cometió durante su reinado. No puede sustraerse a los cargos sabidos por todos y demostrados, de flagrante inmoralidad, por haber dedicado su reinado sobre todo a enriquecerse fraudulentamente y a disfrutar de su inmenso harén.

Los tribunales de Justicia carecen de capacidad para juzgarle debido a su condición de inmune por realeza, pero sus antiguos vasallos poseen potestad moral para recriminar su comportamiento, exigirle que renuncie al título honorífico no previsto en la Constitución de rey emérito, reclamarle que  entregue al pueblo los millones tan mal adquiridos, y disculparse públicamente por haberse prevalido de su condición para estuprar a tantas muchachas como llevó a su corrompida cama. Y si no lo hace voluntariamente habrá que obligarle a hacerlo por la fuerza

Aunque todos los borbones han sido nefastos en la historia de España, Juan Carlos I los supera a todos juntos, convertido en una vergüenza que solamente podía tolerar el domesticado pueblo español después de sufrir una dictadura fascista durante 36 años. Debemos recuperar la España con honra que nos legó la Gloriosa Revolución de 1868.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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