El noble

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Define al noble el Diccionario de la lengua española editado por la Real Academia Española como “Preclaro, ilustre, generoso”, tres cualidades que no pueden aplicarse a Luis Medina y Abascal, por muy marqués de Villalba que sea, porque anda metido en un pleito en estos días, para que explique al juez Adolfo Carretero en qué dilapidó la millonaria comisión cobrada a la Empresa Municipal de Servicios Funerarios y Cementerios de Madrid, por la importación de unos guantes defectuosos, unas mascarillas inservibles y unos test inútiles en marzo de 2020, cuando empezaban a conocerse en España los efectos devastadores de la pandemia provocada por el covid—19. El Ayuntamiento madrileño pagó once millones de euros por ese material defectuoso completamente inservible, de los que seis se los repartieron Luis Medina y su compinche Alberto Luceño.

El tema ha trascendido a la llamada Prensa rosa, porque el marqués suele aparecer en esas revistas, y mereció los títulos del soltero más guapo de España y de español mejor vestido. Con su dinero es fácil serlo. Sin embargo, es un empresario fracasado, que gafa todos los negocios en los que interviene, como este mismo de la Funeraria, por el que cobró un millón de euros. La verdad es que importar material sanitario defectuoso cuando peores eran los efectos de la pandemia es un delito de lesa humanidad.

El juez que lleva el caso le acusa de alzamiento de bienes, porque al saber que iba a ser investigado se gastó el millón de euros estafado a todos los madrileños en un par de días, adquiriendo objetos lujosos como un yate y relojes de las mejores marcas. Como resultado, en sus cuentas bancarias solamente le quedaban 247 euros al pobre marqués cuando el juez Carretero ordenó embargarlas. A ver si deja de ser el árbitro de las elegancias.

El fiscal Anticorrupción, Luis Rodríguez, ha solicitado al juez que le imponga una fianza de 891.000 euros, para asegurar las responsabilidades en que pudiera incurrir por la estafa al Ayuntamiento de Madrid y las costas del proceso. Y en las calles se suceden los mendigos pidiendo una limosna.

Modelo de familia noble

El guapo y elegante Luis Medina, de 41 años, es hijo de Rafael de Medina y Fernández de Córdoba, duque de Feria con grandeza de España, quien también tuvo cuentas pendientes con la Justicia, en su caso por pedofilia. Fue detenido en 1993 acusado del rapto con fines lujuriosos de una niña de 5 años. Condenado a 18 años de cárcel, al salir en libertad condicional en 1998, atropelló a tres perdonas en Sevilla cuando conducía borracho. Por este motivo fue borrado su nombre de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España, que preside el rey, en ese momento Juan Carlos I. Este organismo, según sus estatutos actualizados en 1999, “desarrolla una cierta actividad de interés público”. Desde luego, interés tiene y muy alto, no hay más que ver lo que hacen sus socios, empezando por el monarca.

La historia de Europa está jalonada por las revoluciones organizadas por los campesinos contra los nobles que les arrendaban sus tierras. La propiedad de las tierras se transmite de padres a hijos, que por supuesto no las cultivan ellos, sino que se las arriendan a los campesinos por unas cantidades incrementadas cada año, a menudo con la obligación también de entregar los diezmos y primicias de las cosechas, por no hablar del vergonzoso derecho de pernada por el cual se reservaba antiguamente (¿sólo?) el noble terrateniente el desvirgamiento de las doncellas la noche de su bodas.

Esa situación de servidumbre provocó numerosas revueltas, concluidas por lo general con la ejecución de los revoltosos ante las fuerzas armadas de los señores. Recordemos, por ejemplo, las guerras remensas en Cataluña, que se prolongaron durante diez años desde 1462. La remensa era la cantidad económica que los campesinos pagaban al terrateniente su amo, que podía ser un noble o un eclesiástico. En 1486 el rey Fernando el Católico dictó la sentencia de Guadalupe, favorable en parte a los payeses.

En Galicia se organizaron en el siglo XV las guerras irmandiñas, es decir, de las hermandades, en las que los campesinos enfurecidos se alzaron en armas contra los nobles explotadores. Las inició en 1431 la Irmandade Fusquenlla en Puentedeume, terminada cuatro años después con una criminal represión de los labradores derrotados. Pero la gran guerra irmandiña se prolongó entre 1467 y 69, con un verdadero ejército popular de 80 mil hombres mal armados con hoces, martillos y guadañas, que destruyeron unos 130 castillos de los nobles, pero fueron vencidos por los arcabuces del ejército organizado de  los señores. Cada 18 de agosto se celebra en el concello de Moeche (A Coruña) el Festival Irmandiño, una romería con asalto al castillo, para conmemorar aquella gesta popular contra los nobles.

La Andalucía revolucionaria

Con todo, es en Andalucía en donde más virulentas y constantes han sido las revueltas populares contra los señoritos poseedores de las tierras. Ahora no es posible reseñarlas aquí. En el siglo XIX se hicieron famosas las organizadas en los años treinta en Sevilla, Huelva y Cádiz. La de Sevilla en 1857 es recordada por el número de fusilamientos con la que concluyó.

La proclamación en 1868 de la Gloriosa Revolución que destronó a la golfísima Isabel II de Borbón, hizo suponer a los campesinos que las tierras aradas por ellos pasaban a ser de su propiedad, y se produjeron lamentables altercados. En 1891 los campesinos tomaron la ciudad de Jerez. Es una cuestión debatida la existencia de una organización anarquista conocida como La Mano Negra, contra los nobles que eran (y son) los terratenientes, los señoritos andaluces tan aireados en el folklore. Los bandoleros estaban considerados héroes populares contra el poder de la nobleza hereditaria.

El odio secular del pueblo contra sus opresores los nobles quedó resuelto por el artículo 25 de la Constitución de la Republica Española promulgada en 1931, que ordena: “El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios.” Fue uno de los principales motivos de la rabiosa oposición de los nobles a la República, traducida en conspiraciones con otros países para derribarla por la fuerza, en trasladar todas las fortunas a entidades bancarias extranjeras, y en la criminal negativa de los señoritos andaluces durante el bienio negro a contratar jornaleros y a permitir que continuaran loa arrendamientos de las tierras de su propiedad, que no les fueron expropiadas. Cuando los campesinos les imploraban trabajo porque tenían hambre, les contestaban: “Comed República.”  Así son los nobles.

Sigue estando vigente el artículo 25, puesto que nada de lo legislado en España desde 1939 es legal, por emanar del resultado de un golpe de Estado militar, lo que no reconoce ningún Estado democrático. Pero aquí se impuso una dictadura militar genocida, que instauró una monarquía completamente ilegal, con un rey que es el jefe de los nobles tan delincuentes como la familia Medina. La Real Academia Española debiera modificar la definición de noble incluida en su Diccionario, para que diga. “Enemigo del pueblo con el que está perpetuamente enfrentado.”

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

 

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