El nazi Tintín ocupa Madrid

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En el Círculo de Bellas Artes de Madrid se ha inaugurado este 5 de octubre de 2022 una gran exposición titulada Hergé. The Exhibition, que podrá visitarse hasta el 19 de febrero de 2023. Es un homenaje al dibujante belga nazi Georges Remi, conocido como Hergé, y su lamentable personaje Tintín, siempre acompañado por su perro Milú, tan repelente como su amo, así como sus compasas habituales y los vehículos que utilizaba, porque el chico no se privó de nada, lo vimos en automóviles, aviones, barcos, trenes y hasta en un cohete espacial, sabía conducir cualquier aparato y arreglarlo si se estropeaba como el mejor mecánico.
Su historia comenzó en 1929, con una aventura propagandística en contra de la Unión Soviética. El apodado Hergé era un furibundo ultracatólico nacido en 1907. Estudió en un colegio católico, se afilió a la Federación de Boy Scouts Católicos de Bélgica, y en 1925 empezó a trabajar en el diario fundamentalista católico Le Vingtième Siècle, dirigido por Norbert Wallez, un cura que tenía una gran fotografía de Mussolini en su despacho. Para adoctrinar a los jóvenes se le ocurrió en 1928 editar un suplemento los jueves, Le Petit Vingtième, del que encargó la dirección al que ya firmaba sus dibujos como Hergé.

Igual que todos los curas Wallez era un obseso anticomunista, conforme a las encíclicas papales, lo que le incitó a recomendar a Hergé que realizase una historieta para desprestigiar a la Unión Soviética. Le asustaba el éxito que estaba logrando el I Plan Quinquenal puesto en práctica en 1928 bajo la atenta dirección de Stalin. Le facilitó un panfleto antisoviético y le recomendó que utilizara sus argumentos para crear una historieta dibujada con una crítica demoledora de aquel sistema social tan peligroso en su opinión.
Dado que la ideología del director fascista coincidía con la del dibujante nazi, el 10 de enero de 1929 comenzó la publicación de Les Aventures de Tintin reporter du Petit “Vengtième”au pays des soviets. Concluyó el 8 de mayo de 1930, y ese mismo año se editó el álbum completo por Les Éditions du Petit Vengtième, en blanco y negro, con un enorme éxito.

PROPAGANDA ESTÚPIDA

El dibujo es indeciso, la cara de Tintín inexpresiva, lleva el cráneo pelado con un copete grotesco, viste un pantalón marrón de la moda que aquí se llamó bombacho y en otros lugares de golf, y a menudo usa gabardina. En el primer álbum sus zapatos eran lo menos parecido a unos zapatos posible. El perro es un foxterrier que piensa, y su amo le entiende los pensamientos.
Tintín es enviado por el periódico a la Unión Soviética para informar a los lectores sobre lo que ve, en su caso lo que quiere ver. Desde el primer momento es vigilado por un agente de la policía secreta soviética, encargado de impedirle descubrir lo que el dibujante considera la realidad del país recién liberado de la tiranía zarista, y de pasar por una desgarradora guerra civil. Pero el agente, como después los policías franceses, es un inútil.
Así el dibujante le hace descubrir que las fábricas de chimeneas humeantes son una decoración, no existe más que el dibujo simulando la fachada. Las elecciones están dirigidas por militantes comunistas que obligan a votar por sus candidatos. Las cosechas se exportan íntegramente a los países capitalis-tas, para intentar convencerles de que el nuevo sistema colectivo es muy acertado, lo que ocasiona la hambruna generalizada entre la población. Unos niños famélicos, con los vestidos rotos y descalzos, hacen cola ante un comisario político que reparte mendrugos de pan, únicamente a quienes declaran ser comunistas. Etcétera.
La policía secreta le detiene para impedirle que siga observando al país, pero se escapa siempre, y al final regresa a Bruselas como un héroe. Es la más estúpida propaganda antisoviética imaginable, aunque a los cerebros persuadidos para creerla tuvo que parecerles demoledora. En realidad es solamente malintencionada, puesto que el I Plan Quinquenal impulsado por Stalin potenció la actividad en las fábricas y en los koljoses colectivizados, y lo pudo comprobar todo el que no estaba predispuesto a negarlo.
Pese a que la ideología nazi de Hergé no se modificó, hubo de reconocer que aquel primer álbum era ridículo, y no quiso que se reeditase, cuando las aventuras del protagonista se sucedían en Bélgica y eran traducidas a muchos idiomas. En total aparecieron 24 álbumes. Por fin en 1969 aceptó que se volviera a publicar, y otra vez en 1973, además se hizo una edición facsímil de la primera en 1981, y en 2017, ya muerto el autor, se colorearon las viñetas. Para algunos es un álbum de culto: para los nazis.

UN COLABORACIONISTA

Hergé debiera haber sido depurado en 1944, cuando la liberación de Bruselas, por comportarse como un declarado y destacado colaboracionista de los invasores nazis. Durante la ocupación estuvo integrado en Le Soir, periódico dedicado a la propaganda nazi. Fue detenido, acusado por la organización de la resistencia, pero debido a sus contactos con la jerarquía catolicorromana, se le puso siempre en libertad sin someterle a juicio, y en 1946 reanudó su actividad anterior a la guerra.
No solamente demostró ser un contumaz anticomunista, sino también racista. En septiembre de 2011 la Corte de Justicia de Bruselas juzgó una denuncia contra la sociedad gestora de los derechos de propiedad de los álbumes dedicados a ese personaje. La presentó el congoleño Bienvenu Mbutu Mondondo contra el álbum Tintín en el Congo, al considerarlo claramente racista, por lo que solicitó su retirada. No le hicieron caso, aunque el racismo lo descubre cualquier lector sin prejuicios.
También era antisemita, se burló de personajes judíos a los que representó caricaturescamente en el álbum La estrella misteriosa, realizado durante la ocupación, con todos los defectos habitualmente achacables a su raza en los chistes antijudíos, relacionados con su presunta afición al dinero.
La dimensión internacional de Tintín se agrandó en 2011, cuando Steven Spielberg produjo y dirigió una película basada en el álbum El secreto del unicornio. El dibujante se ha convertido él mismo en personaje de historieta, protagonista del álbum Las aventuras de Hergé, dibujado por Stanislas con guión de Fromental y Bocquet.
Teniendo en cuenta el auge que en los últimos años está experimentando el nazismo, es lógico que Hergé haya adquirido la categoría de artista genial, que se reediten sus álbumes en muy variados idiomas, que se comercialicen diversos objetos con los personajes creados por él, que se publiquen ensayos acerca de su trabajo, y que se reúnan sus partidarios para rendirle un homenaje continuado, como hacen anualmente algunos españoles de extrema derecha.
Está claro que la censura a la Unión Soviética era rentable. Cuantas más mentiras se acumulasen contra el socialismo real y sus dirigentes, mayor sería la recompensa. El capitalismo domina la economía mundial, y es capaz de todo para aniquilar a sus detractores, en tanto patrocina a sus servidores. Y la Iglesia catolicorromana lo bendice, limpia los expedientes de sus súbditos por corrompidos que estén, y destruye a los objetores. El capitalismo tiene como compañero de viaje al catolicismo romano, comprensiblemente por tratarse de dos instituciones destinadas a mantener dominado al pueblo en la ignorancia. El caso de Hergé es ejemplar. Y se comprende que en la España nazionalca-tólica se le considere un artista genial.

EL MODELO NAZI

Naturalmente, el modelo tomado por Hergé para su personaje debía ser un nazi, y lo fue su paisano, colega y amigo Léon Degrelle, como demuestran sus fotografías de la época, peinado con un copete, habitualmente vestido con pantalones bombacho.

Lo reconoce él mismo en su libro Tintin mon copain, publicado en 1992 después de su muerte por una misteriosa empresa, Pélican d’Or, de la que nada se sabe, pero se supone que deseaba ocultarse para evitar demandas judiciales. Ahí asegura que el reportero enviado a la Unión Soviética en la historieta dibujada por Hergé está basado en él, que efectivamente fue corresponsal en Moscú. En la cubierta del libro Tintín está dibujado con uniforme nazi y rodeado de símbolos nazis.
Degrelle fundó en 1936 un partido político de nombre latino, Christus Rex, conocido como rexista. En España existió durante la dictadura fascista una poderosa organización que se decía Guerrilleros de Cristo Rey, dedicada a las acciones subversivas típicas de esa ideología, como apalear a cuantos profesan la contraria. Uno de sus inspiradores fue Degrelle, exiliado en España desde 1945.
Parece conveniente consignar algunos datos más sobre él, porque no debe de ser conocido su nombre por los jóvenes. El rexismo se inspiraba en el nazismo, deseaba sustituir la democracia por una organización corporativa, idea también utilizada por la dictadura fascista española, presentada como una democracia orgánica. Estaba en contacto con los líderes ultraderechistas, como el fundador de la Falange Española, José Antonio Primo.
El 1 de enero de 1941 Degrelle proclamó la identificación del rexismo con el fascismo y el nazismo. Tras la invasión de la Unión Soviética por el Reich el 22 de junio de 1941, la conocida como Operación Barbarroja, propuso a Hitler crear la Legión Wallonie, para combatir junto a las tropas nazis, lo mismo que se hacía en España con la División Azul. No desaprovechó la oportunidad de avanzar más en su obsesión de luchar contra el comunismo, de modo que se enroló en ella, y debió de ser un feroz guerrero, ya que coleccionó tres cruces de hierro, entre ellas la máxima distinción nazi, la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble.
Pero de poco sirvió su fiereza, Berlín sucumbió ante el valor del Ejército Rojo, y Degrelle no esperó a ser detenido y deportado para ser juzgado en su tierra como criminal de guerra, sino que tomó un avión para refugiarse en la España fascista. Hizo un aterrizaje de emergencia en la playa de San Sebastián, solicitó asilo político y le fue concedido, sin que las peticiones de extradición por parte de Bélgica fueran atendidas: aquí era un héroe de guerra, al que se concedió la nacionalidad española, se dedicó a negocios facilitados por sus colegas falangistas, y escribió varios libros de memorias. Residió en Málaga hasta su fallecimiento en 1994.

AL SERVICIO DEL NAZISMO

Por su parte, durante la ocupación de Bélgica por las tropas del Reich gozó Hergé de todas las consideraciones posibles. Pasó a publicar en el diario colaboracionista Le Soir, beneficiándose de una publicidad intensa, lo que le permitió desarrollar una actividad creadora inusitada. En ese período ilustró los álbumes traducidos en castellano como El cangrejo de las pinzas de oro, edi-tado entre 1940 y 41; La estrella misteriosa, entre 1941 y 42, en donde se ma-nifiesta el antisemitismo tópicamente nazi de Hergé por el tratamiento de los personajes; El secreto del unicornio, entre 1942 y 43; El tesoro de Rackham el Rojo, en 1943, y Las siete bolas de cristal, iniciado en 1943 e interrumpido por la liberación de Bruselas el 3 de setiembre de 1944. De modo que no fue un trabajo esporádico para el diario colaboracionista, sino llevado a cabo con delectación durante los cinco años de ocupación de Bélgica, igual que lo había hecho en 1929.
Hergé fue detenido como colaboracionista, pero solamente pasó una noche en la prisión, porque salieron en su defensa las fuerzas eclesiásticas todopoderosas en las sociedades burguesas, con una ideología semejante a la difundida por el nazionalsocialismo. Había perdido la guerra, pero no el aprecio de los vencedores. Aunque eran manifiestas sus relaciones con el nazismo, cayeron en el olvido y recuperó su posición social anterior, e incluso aumentó su prestigio internacional como dibujante.
Figura por derecho propio en la primera serie de la Galerie des Traitres, editada por L’Insoumis, porque fue un probado traidor a su patria belga, al mundo democrático y a la civilización occidental, como propulsor del nuevo orden promovido por Hitler en su afán de dominio internacional. Volcó su perversa ideología en la figura de su personaje Tintín, por lo que sus historietas debieran estar prohibidas para impedir que perviertan las mentes de los lectores jóvenes influenciables. Los adultos que las leen saben lo que hacen: son partidarios de ese régimen criminal causante de la más destructora de las guerras sufridas hasta ahora por la humanidad.
Nada de eso importa en España, país acogedor de fascistas y nazis criminales de guerra, como Degrelle, y de los dictadores latinoamericanos derrocados. El reino todavía no ha sido liberado como lo fue el resto de Europa en 1945, evolucionó de la dictadura fascista a la monarquía fascista impuesta por la voluntad omnímoda del dictadorísimo para perpetuar su régimen genocida.
Es lógico que Tintín congregue aquí cada año a sus admiradores de camisa azul e impasible ademán para rendir homenaje a Hergé, como lo es igualmente que el Círculo de Bellas Artes de Madrid se hunda en el nazismo al organizar esta gran exposición a la mayor honra y gloria de un colaboracionista criminal de guerra, difusor de la más inhumana ideología implantada en la historia.
Causa tristeza contemplar el inmenso despliegue propagandístico derrochado por el Círculo para atraer visitantes. Comprobamos con pena que Madrid está entregada a Tintín y su miserable creador, luciendo carteles con el dibujo del personaje colgado de las farolas. Otra vez han vuelto a pasar los nazis y se les rinden quienes deberían oponérseles, mientras resuenan todavía por las calles empapeladas los ecos de la canción mal intencionada de Celia Gámez. Cuántos disparates se están diciendo y publicando a propósito, o más bien al despropósito de esta exposición. Aquí se halla en su elemento natural, en esta España que sigue siendo diferente a los países democráticos, aunque firme tratados con ellos.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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