‘El borbón no es el problema o no es el borbón, es la monarquía’ por Javier de Miguel

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A lo largo de estas semanas y comenzando por la prensa internacional, ha aparecido un cúmulo de informaciones que vienen a confirmar lo que ya era conocido hace muchos años y que los medios de comunicación habían mantenido oculto largo tiempo. Juan Carlos de Borbón es un corrupto.

La velocidad del rayo con la que ha reaccionado su hijo tras estas informaciones, no hace sino corroborar la veracidad de la información.

A lo largo de cuarenta largos años de reinado, el Borbón ha ido acumulando una fortuna fruto de comisiones utilizando su figura de Jefe del Estado, como el Bigotes, pero a lo grande.

Pero esto ha ido acompañado, lo que es gravísimo, de una utilización de los servicios del estado, CNI y su Director, para solucionar sus complejas relaciones personales. Juan Carlos de Borbón puede acostarse con quien quiera, pero no utilizar un anexo a la residencia oficial para, protegida por los servicios de seguridad del estado, mantener a una persona y su familia.

Y esto no es sino la punta del iceberg.

Sin embargo, pensamos que el problema no es que el Borbón sea un corrupto, el problema es que a lo largo de los años se ha mantenido una red de silencios, tanto en relación con la corrupción, como con otros temas, 23F, por ejemplo.

Y ahora vamos a ver cómo se desarrolla una operación de enaltecimiento de su hijo, quien por mucho que ahora se vea obligado a reaccionar, era imposible que no supiese lo que su padre hacía.

Y es que el problema no son los reyes, es la monarquía. Hace unos días, y por tercera vez, la mesa del Congreso ha rechazado la creación de una Comisión de Investigación, vaya papelón el del PSOE.

Por supuesto que en una república, el Jefe del Estado puede ser un corrupto, la diferencia fundamental es que a ese Jefe del Estado se le puede echar cada cuatro o siete años por el voto de la ciudadanía.

El artículo 56.3 de la Constitución señala que “La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, sin embargo, desde su abdicación ya no le ampara ese artículo, le ampara, por la vía de los hechos,  el Poder Judicial y el bloque monárquico PP y PSOE a lo largo de cuarenta años.

El problema es la monarquía, es el sistema. La Constitución de la II República señala en su artículo 71 que el Presidente lo será por seis años y no podrá ser reelegido hasta pasados seis años desde su cese.

En su artículo 82 señala que el Presidente podrá ser  destituido por los tres quintos  del Congreso. Es más, el artículo 85 señala que “El presidente de la República es criminalmente responsable de la infracción delictiva de sus obligaciones constitucionales”.

La Constitución de 1931 no señala ningún caso de inviolabilidad, ni por supuesto otorga rango oficial a la familia del Presidente, lo que sí hace el artículo 65 de la de 1978, cuando señala que de los presupuestos del estado vivirá la familia real y su casa.

Es evidente la diferencia, es evidente cuál es el problema, es evidente cuál es el camino.

Hay que iniciar un camino que nos libre, a la tercera va la vencida, definitivamente de los Borbones, ese camino irá abriendo paso a una sociedad más democrática, y lo vamos a conseguir.

A lo largo de varios años hemos ido reconstruyendo lentamente el movimiento republicano y desde julio pasado la Plataforma Monarquía o República hemos venido preparando la realización de una consulta ciudadana prevista para el 9 de mayo. La emergencia sanitaria que vivimos la va a retrasar, pero en los próximos meses la ciudadanía tendrá la oportunidad de participar en una consulta democrática en los pueblos y ciudades de España.

Salud y República.

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