El alcalde de Madrid no tiene vergüenza

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José Luis Martínez – Almeida es alcalde de Madrid, para nuestra desgracia, desde el pasado día 15 de junio de 2019, y esclavo de Santa María la Real de la Almudena, matrona de la Villa y Corte, desde el 8 de setiembre, cuando en señal de sumisión a su ama entregó a la imagen de madera policromada, vestida con ropitas de muñeca y adornada con carísimas joyas, su bastón de mando, que ella no se dignó recoger, lo que debiera interpretarse como un rechazo del regalo. Se supone que desde ese día la imagen es la alcaldesa de la capital del reino, y Martínez un mísero esclavo sin manumitir. Así nos va a los madrileños.

Es absurdo que una imagen sea alcaldesa, tanto como que lo sea Martínez. Por ello el cardenal Carlos Osoro, lamentable arzobispo de Madrid al que le encanta disfrazarse de mamarracho aunque no sea carnaval, el sábado 9 de noviembre hizo pasearse a la imagen con el bastón de alcaldesa desde la catedral a la Plaza Mayor, en donde concelebró un esperpento en colaboración con el esclavo.

Para espanto de los madrileños con sentido común, que al parecer estamos en minoría, Martínez se hizo con la Alcaldía gracias a los votos de su partido el ultraderechista que se presenta como Popular; del ultrafascistísimo Vox, y del ultraconservador con el culo al aire de su jefe denominado unas veces Ciutadans y otra cualquier cosa. Es lógico para un miembro de la secta ultracatólica del Opus Dei, la que le lavó su escaso cerebro cuando estudiaba en el colegio Retamar, un centro elitista y confesional, que suele aportar todos los cursos algunos sacerdotes a la Iglesia catolicorromana, muy necesitada de vocaciones a causa del descrédito sufrido a consecuencia de los incontables casos de pederastia clerical repartidos por todo el mundo, y que también afectan al Opus en España.

Esclavo igualmente de las consignas del fundador de la secta, el ahora vergonzosamente santo Josemariaescrivadebalaguer, fascista y tan analfabeto que ni sabía escribir su nombre, Martínez permanece soltero, uno de los llamados numerarios. Los estudios de Derecho los cursó en la Universidad Pontificia de Comillas, siempre en la fidelidad al catolicismo romano, como buen meapilas probado y aprobado.

Por si fuera poco este currículum escandaloso, es monárquico a machamartillo, por herencia de su abuelo Pablo Martínez, perteneciente al Consejo Privado de Juan de Borbón cuando aspiraba a suceder al dictadorísimo, antes de que su hijo se lo quitara de en medio para ponerse él en primer plano. En la Corte de Felipe VI no está claro si Martínez es también esclavo o bufón, ya que tiene demostradas cualidades innatas para desempeñar los dos papeles. Qué habremos hecho los madrileños para merecer este castigo. Algo terrible tuvo que ser.

Dos clases de madrileños

El 9 de noviembre se celebra la festividad de Santa María la Real de la Almudena, y es tradición que los alcaldes digan a la imagen unas palabras, aunque ella nunca les contesta. Al parecer lo dispuso así el rey Felipe IV en 1646, y dado que los actuales madrileños continuamos siendo vasallos reales, se repite la pamema de soltarle una parrafada a la imagen, que la escucha con el ademán impasible, en el caso improbable de que la oiga.

Eso es una estupidez, pero lo que me indigna como madrileño es que Martínez haya tenido el atrevimiento de dirigirse a la imagen en nombre de todos los madrileños. No se lo tolero por la parte que me toca, porque no soy tan imbécil como para declararme esclavo de un trozo de madera, ni tan gilipollas como para hablar con un trozo de madera policromada vestida con ropitas de muñecona y engalanada con joyas valiosísimas, y suponer que me escucha.

Hay dos clases de madrileños: los inteligentes y los crédulos en las patrañas inventadas por los cínicos curas y cardenales, como Osoro, por ejemplo. En esta segunda clase se encuentra el esclavo idiota Martínez, tan mentecato como para creer firmemente no sólo que la madera le oye, sino también, lo que es mucho más estúpido todavía, que es un amuleto que nos protege de los males a través de los tiempos. Así se lo explicó a la madera con estas contundentes y convincentes palabras, capaces de conmover hasta a una secuoya, que es el árbol más irreductible:

Trances muy difíciles han atravesado Madrid y España a lo largo de su historia; a la altura de sus incomparables logros, fruto del esfuerzo, la tenacidad y la serenidad infundidos, seguro, bajo vuestro manto protector.   

Ese trozo de madera tallada debía de encontrarse en bikini, con el milagroso manto recogido cuando la aviación nazifascista bombardeaba la ciudad indefensa de Madrid, causando innumerables muertos entre hombres, mujeres y niños, algunos de los cuales sin duda eran creyentes en estas fábulas catolicorromanas. Tampoco desplegó su manto protector cuando las hordas fascistas ocuparon el 28 de marzo de 1939 lo que quedaba en pie de la que antes fuera conocida como “Capital de la Gloria” por su heroica resistencia ante el asedio, la ciudad traicionada y vendida por los judas comprometidos a defenderla, las ratas Casado, Besteiro, Mera y otras de su maldita ralea, porque Madrid no se rindió.

Su manto no tuvo a bien amparar entonces a los madrileños detenidos, torturados, ejecutados y enterrados en las cunetas por los asesinos triunfadores. Es mentira que ese trozo de madera sirva de amuleto a la ciudad de Madrid. Incluso en el hipotético supuesto de que fuese capaz de tomar decisiones, algo difícil de tolerar, habría demostrado ser partidaria de los nazifascistas destructores de la ciudad que la considera su matrona, y en consecuencia merecería el desprecio de los madrileños libres de fanatismos.

Que Martínez hable cuanto le venga en gana con la madera, si es tan imbécil para creer que le escucha, pero que no tenga la desvergüenza de afirmar que lo hace en nombre de todos los madrileños. Que lo haga nada más en nombre propio, y como mucho de los cretinos que le votan a él o a sus compinches. Yo soy madrileño, jamás les he votado ni lo haré, antes de hacerlo me corto las manos, y no le consiento que hable en mi nombre con la madera, porque le considero una basura fascista y opusdeísta, que en lugar de estar en un despacho del Ayuntamiento debiera estar en una jaula en el Zoo, como ejemplo de especie en estado de extinción.

Arturo del villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio

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