El 23 de septiembre de 1939 moría, exiliado en Londres, Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis

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Con el ascenso de Hitler en Alemania, las instituciones berlinesas del psicoanálisis fueron progresivamente copadas por los nazis, que habían encargado a un psiquiatra, primo de Göring, controlarlas y ponerlas al servicio del régimen nazi.

Por su parte, Ernst Jung —que trabajó un tiempo con Freud, pero del que luego se separó de manera radical— y sus partidarios alemanes, se entregaron de lleno a esta tarea, en la que encontraron un marco favorable para atacar a Freud y al psicoanálisis con argumentos propios del nazismo («ciencia judía»). Y cuyo lenguaje antisemita adoptó como propio el mismo Jung en alguno de sus escritos publicados por estas fechas. En 1936 los nazis crearon el Instituto Göring que se instaló en los locales de la antigua institución psicoanalítica de Berlín. En 1937, cuando el camino hacia la anexión de Austria por Alemania era ya un hecho imparable, Freud empezó a percibir que la supervivencia del psicoanálisis bajo el III Reich ya era inviable. Muy afectado por el cáncer tuvo que asistir a la disolución de todas las instituciones psicoanalíticas en Centroeuropa y a la emigración hacia el mundo angloparlante de la inmensa mayoría de sus miembros.

El final de un genio en el exilio

Todavía en Viena, Freud conocería a un diplomático norteamericano, W. Bullitt, que había sido asesor del presidente Wilson y gracias a cuya ayuda, entre otras, podrá salir del país hacia el exilio

En esta etapa final, Freud dedica artículos y libros al personaje bíblico de Moisés (Moisés y la religión monoteísta, según la traducción en castellano de sus Obras Completas), personaje clave para entender la conformación de la religión cristiana, como de la judía. Aunque, en buena medida, la obra busca responder al interrogante que perturba a Freud sobre el motivo de la oleada de odio antijudío que se ha desatado por Europa, se convierte en una obra en la que Freud se apoya en algunas investigaciones recientes de la época sobre el origen de Moisés. Freud trata de buscar una explicación al odio antisemita llevando su reflexión hasta el acto fundacional (o primordial) del «asesinato del padre» (asesinato que según las nuevas investigaciones de la época había sufrido el primer Moisés al descender del monte Sinaí), recuperado posteriormente y expiado por la tradición cristiana, de ahí esa posible explicación del odio antisemita enraizado en el cristianismo. Lo que no deja de ser una reflexión, aunque especulativa, no carente de interés y curiosidad.

Parecería que con sus ensayos sobre Moisés, y pese a su ateísmo, Freud trataba de acercar judaísmo y cristianismo. Quizás bajo la creencia —ingenua— de que la Iglesia Católica pudiera ser un freno a la expansión nazi en Austria. Craso error. La Iglesia Católica saludó efusivamente el Anschluss (o anexión de Austria por los nazis) y el cardenal primado de Austria, Innitzer, firmó la declaración que finalizaba con el ¡Heil Hitler! de rigor.

Muy afectado por el cáncer asistió a la entrada de Hitler en Austria. Y si pudo salir con vida de ese avispero fue por la ayuda que le brindaron varios miembros del movimiento psicoanalítico, como la francesa Marie Bonaparte, así como amigos influyentes, en especial el diplomático norteamericano Bullitt, que se movió buscando el apoyo de diferentes embajadas de su país en Europa.

Ahora se trataba no sólo de salvar la vida, sino también de salvar la huella, la herencia y memoria del movimiento. La asociación vienesa celebró su última sesión en 1938 en la que decidió disolverse.

Finalmente, gracias al apoyo de los amigos extranjeros, Freud y su familia, junto a algunos colaboradores, pudieron salir de Austria. Se quedaron sus cuatro hermanas ya ancianas que, años después, tres de ellas, encontrarían la muerte en diferentes campos de exterminio. Ya en el exilio londinense fue objeto de reconocimiento y pudo escribir un breve ensayo, a modo de síntesis de sus obras, Esquema de Psicoanálisis. Con el cáncer muy avanzado y sumamente doloroso requirió a su médico para una sedación con morfina que le permitiera transitar de la vida a la muerte el 23 de septiembre de 1939, poco después de que la Segunda Guerra Mundial hubiera dado comienzo a primeros de ese mismo mes.

También recomendamos la visualización del film austriaco El vendedor de tabaco dirigido por Nikolaus Leytner, en el que el magnífico actor ya desaparecido Bruno Ganz interpreta el papel de Freud. Película basada en la novela homónima de Robert Seethaler.

Laura de Blas Padilla – Graduada en Psicología Clínica y máster en Psicoterapia Psicoanalítica de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Jesús de Blas Ortega – Doctor en Ciencias Económicas y profesor de Secundaria de Geografía e Historia.

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