“Dos éticas ante las armas” por Arturo del Villar

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Al concluir en 1945 la segunda guerra mundial se dijo que los supervivientes habían aprendido la lección, y comenzaba una era de paz perpetua vigilada por la Organización de las Naciones Unidas. Los fabricantes de armas estadounidenses se asustaron al ver bajar sus cotizaciones en las bolsas internacionales, por lo que promovieron en 1949 una llamada Organización del Tratado del Atlántico Norte, por sus siglas OTAN, aunque la T se interpreta adecuadamente como inicial de Terrorista. Desde entonces no ha dejado de provocar guerras en Europa, Asia, África y Latinoamérica, en las que utilizan armamento convencional los países miembros, en tanto amenazan con la posibilidad de emplear también el atómico.

Y desde entonces los bípedos implumes que habitamos el planeta nos dividimos en dos sectores opuestos: los belicistas defensores de la OTAN y los pacifistas que protestamos por sus actividades criminales. Ahora mismo se manifiestan con motivo de la operación armada que la Federación de Rusia inició el año pasado para poner fin a las actividades fascistas en Ucrania. Y han quedado expuestas en este comienzo del 2023.

Por un lado hemos asistido a la actitud pacificadora de Vladimir Putin, presidente de la Federación de Rusia, quien siguiendo la recomendación religiosa del patriarca Kirill, de la Iglesia ortodoxa rusa, decretó una tregua en las operaciones militares desde el 6 al 8 de enero, para permitir a los fieles asistir  a las celebraciones litúrgicas de la Navidad ortodoxa.

La tregua fue rechazada por presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que ejerció la profesión de payaso antes de dedicarse a la política, y conserva sus gestos. Son dos éticas opuestas ante el conflicto, la de un dirigente político que antepone los sentimientos cristianos de la población al éxito de una operación militar, y la de un hombre ansioso de dominio conseguido por el empleo de las armas destructivas más sofisticadas. Mejor dicho, la ética del presidente Putin es atacada por la falta de ética del triste payaso ucraniano sin gracia.

Junto a Zelenski se posiciona la OTAN, dirigida de hecho por el emperador omnipotente gringo, Joe Biden, la cara visible de la industria armamentista de su país, los Estados Bandidos de América. El 6 de enero la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean–Pierre, azuzó a los militares ucranianos para continuar su guerra, prometiéndoles el envío de ayuda por valor superior a los tres mil millones de dólares, consistente en carros blindados Bradley, cañones Howitzer, misiles tierra—aire, minas terrestres y municiones. Unos quieren la paz, otros continuar probando sus armas en la muerte de seres humanos y la destrucción de sus poblaciones.

No por casualidad el mismo día 6 pronunció un batallador discurso el rey católico Felipe VI de Borbón, que hubiera hecho feliz de escucharlo al patrocinador de su dinastía, el dictadorísimo fascista, y que habrá merecido el beneplácito del emperador gringo y los dirigentes de la OTAN. Precisamente en sus palabras comentó con deleite la reunión celebrada en Madrid el pasado mes de junio por la banda criminal que dirige la Organización, para conmemorar los vergonzosos cuarenta años del ingreso del reino de España, calificado por él de “acontecimiento histórico y trascendental”.

Fidelísimo servidor de los intereses gringos y de la Organización Terrorista, recordó las agresivas intervenciones de militares españoles en las acciones criminales de la Organización, al invadir paises y destruirlos a la mayor honra y gloria del Imperio gringo. Para que puedan continuar tan maléfica actividad anunció “la importancia de invertir en Defensa”, con el fin de “adquirir los medios y dotar a las unidades con lo necesario para lograr una fuerza conjunta más moderna, eficaz, viable y sostenible a medio y largo plazo”, que pagaremos los vasallos con nuestros impuestos, incluso los contrarios a la OTAN y a la borbonería.

Terminó asegurando a los militares que “me tenéis a vuestro lado y contáis así con el apoyo incondicional de la Corona”, palabras que nos obligan a sospechar que piensa imitar el ejemplo de su antepasado el emperador Carlos V, y va a viajar a Ucrania para ponerse al frente de las tropas de la OTAN. Quiere demostrar que sirve para algo, aunque su falta de ética coincide con la de Biden y la de Zelenski: el trío de la benzina.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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