Domingo 2 de abril, “La Opinión: Las esclavas del siglo XXI” por Tere Sáenz

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Tere Sáen Barrao

La Opinión: Las esclavas del siglo XXI por Tere Sáenz Barrao – Parlamentaria de Podemos.

El 30 de marzo de 1988 se celebró el 1º Congreso
Latinoamericano de Trabajadoras del Hogar, que tuvo lugar en Bogotá (Colombia),
con el objetivo de dar visibilidad a lo invisible, a los millones de mujeres
(también niños y niñas) que en todo el mundo trabajan en el sector doméstico,
en muchos países en régimen de semi esclavitud y sin ningún tipo de protección
social. De este congreso surge el Día Internacional por los
Derechos de las Trabajadoras del Hogar.
El trabajo doméstico y de los cuidados
incide de manera determinante en la calidad de vida de las sociedades actuales,
porque contribuye de manera decisiva a la sostenibilidad de las familias. Las
tareas del hogar, transferidas de una mujer a otra, entrelazan, además, en muchas
ocasiones, las necesidades de cobertura básica de los hogares de un lugar a
otro, de un país a otro, de un continente a otro, poniendo de manifiesto las
cadenas globales de cuidados de los países del Sur a los países del Norte.
De igual modo, se trata de un
importante componente de la economía con repercusiones en el Producto Interno
Bruto.
Es un trabajo que tiene
rostro de mujer —entre el 83% y el 90% son mujeres— y son más
de 55 millones de en todo el mundo, 630.000 en el estado y 12.000 en Navarra, contando las que están inscritas
en el régimen de la Seguridad Social y a las que no (solo constan 7.706 personas).
  
La economía sumergida, tan presente en
el sector, significa una permanente inestabilidad para las trabajadoras, que
carecen por completo de derechos, trabajan en condiciones mínimas de
subsistencia, soportan situaciones denigrantes y sufren abusos, incluidos los sexuales,
como bien recoge el estudio de AMILPIS de Estella-Lizarra: “La feminización y externalización del
trabajo de cuidado del hogar, como forma de conciliar la vida familiar y
laboral”.
Estas condiciones perpetúan la
feminización de la pobreza. Y se obvian las implicaciones económicas que forman
parte de la reactivación de un país, cuyas principales protagonistas son las
mujeres, que sufren la imposibilidad de disfrutar de una pensión de jubilación
o invalidez, de acceder a créditos y ayudas sociales, o a cualquier tipo de
protección por enfermedad común o accidente laboral.
La consideración jurídico-laboral del
trabajo en el hogar reconoce derechos laborales y de seguridad social a estos
trabajadores y trabajadoras, pero no los suficientes como para equipararse con
el resto de los trabajadores/as regulados/as por el Estatuto de los Trabajadores,
pues existen evidentes desajustes en lo relativo al salario, las horas de
descanso, el alta en la Seguridad Social, las vacaciones, las pagas
extraordinarias completas, las horas de presencia, el
derecho al subsidio de paro, la posibilidad de jubilación anticipada o las ayudas
y prestaciones para personas desempleadas mayores de 55 años, además de todas
las cuestiones en materia de extranjería,
que imponen obligaciones que añaden complejidad a la posibilidad de las
correspondientes regularizaciones.
En junio de 2011 se celebró en la sede
de la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra, la 100º Conferencia
Internacional del Trabajo (CIT), en la cual se aprobó por amplia mayoría una
nueva norma internacional, el Convenio 189, que fue acompañado de la
recomendación 201. En él se establecen los estándares mínimos de protección
para quienes se desempeñan en el trabajo doméstico remunerado. Se reiteran las
normas existentes de la OIT sobre trabajo forzoso, discriminación y trabajo
infantil, así como la libertad de asociación y el derecho a la negociación
colectiva. Al mismo tiempo se declara un sólido reconocimiento del valor
económico y social hacia el trabajo doméstico y de cuidados y se hace un llamamiento
a la acción para poner fin a las exclusiones de que son objeto las trabajadoras
y los trabajadores domésticos en los ámbitos de protección laboral.
El 5 de septiembre de 2013 entró en
vigor el histórico convenio de la OIT. Han sido numerosas las iniciativas
llamando a la ratificación del mismo por parte del Estado Español.  En Navarra el Parlamento lo recordó una vez
más en mayo de 2016.
El Gobierno debe ratificar el convenio 189 y la recomendación 201 sin más dilaciones. Estamos hablando de acabar
con la esclavitud en el siglo XXI.
Estos días en que se celebra el día
Internacional por los derechos de las personas trabajadoras del hogar debemos seguir
insistiendo en ello y hacer todo lo posible para que no solo se dignifique su
labor, sino para que también se conozca, se reconozca y se valore. Cuidar a las
personas y realizar tareas domésticas es lo que mantiene la vida. Es por tanto
una función imprescindible. Debe dejar de estar desvalorizado solo por el hecho
de que históricamente lo han realizado gratuitamente las mujeres.
Hoy es un trabajo que se externaliza y
como tal debe ser tratado. Como mínimo, debe tratarse como el resto de los
trabajos. Y debemos además realizarlo corresponsablemente entre hombre u y
mujeres.
En este buen hacer, es de aplaudir el
acto de reconociendo institucional que realizó el Ayuntamiento de Pamplona y el
diagnostico realizado por AMILIPS con apoyo del Ayuntamiento de
Estella-Lizarra.

Hay que tomar ejemplo.

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Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por que estar en la linea editorial de nuestra emisora.

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