Desde nuestra trinchera, a ras de tierra (2)

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En un artículo anterior, afirmaba que la imposición de la ideología franquista en el seno de las Fuerzas Armadas no concluyó con el final de la dictadura, manteniéndose a lo largo de estas últimas cuatro décadas una lucha soterrada contra los valores democráticos, que trasciende los muros de los cuarteles, contaminando la vida política y social de nuestro país.

Recientemente, el Sr. Casado, presidente de un partido fundado por un ministro de la dictadura y jefe de la oposición, ha afirmado en sede parlamentaria que “La Guerra Civil fue el enfrentamiento entre los que querían la democracia sin ley y los que querían la ley sin democracia. Y nuestra Constitución es el pacto por el cual no puede haber democracia sin ley ni ley sin democracia”.

Tal disparate, en cualquier país de la Europa democrática, que combatió y derrotó al nazi fascismo en las trincheras, no solo sería rechazado de plano por la opinión pública, sino que, probablemente, sería constitutivo de delito.

En efecto, se trata objetivamente de las premisas perversas de una conclusión absurda; a saber, que el nazi fascismo fue la respuesta a una Europa que quería una democracia sin ley, lo que ocasionó, por tanto, la imposición de la ley por parte de los que no querían la democracia.

Es decir, según este razonamiento perverso, Hitler, Mussolini y Franco, liquidaron la democracia a fin de restablecer la ley. Por tanto, justifica en cierto modo -consciente o inconscientemente- la agresión fascista contra los pueblos de Europa, lo que ocasionó decenas de millones de muertos y una destrucción generalizada de infraestructuras y economías. Con tal afirmación blanquea como ley lo que no fue más que un subproducto criminal de regímenes fascistas, de consecuencias dramáticas, no solo para los pueblos de Europa, sino también para los pueblos y naciones históricas de España. Todo ello agravado por la dictadura franquista que siguió a la contienda, de la que el golpe militar monárquico, que ocasionó la Guerra de España, no fue sino el preludio de lo que sucedió después en Europa.

La Ley solo es respetable cuando tiene su origen en la democracia, es decir, cuando emana del poder del pueblo, legítimamente expresado en las urnas. Lo que no es el caso, pues Felipe VI reina por voluntad de un dictador genocida, es decir en base a las leyes franquistas de sucesión a la Jefatura del Estado. Sin ellas Juan Carlos I no hubiese podido ser Rey y, por tanto, tampoco hubiese podido abdicar en su hijo Felipe, que devino en Felipe VI.

Se trata, pues, de un Rey coronado, no por la voluntad democrática del pueblo, sino por la voluntad criminal de un dictador, que a su vez sometió con mano de hierro a nuestros pueblos y naciones históricas, según consta en la inscripción estampada en las monedas de la época: “Francisco Franco. Caudillo de España por la Gracia de Dios”.

La expresión “ley sin democracia” es, cuando menos, un oxímoron, pues esa “ley” a la que se refiere el Sr. Casado no es ley, sino dictadura. Tal vez, por ello, esté intentando camuflar, mediante una desafortunada metáfora, que las leyes que soportan la corona de Felipe VI son leyes franquistas, aún en vigor, por tanto leyes ilegítimas, como lo es la propia monarquía.

Los valores democráticos de los militares europeos son valores forjados en el combate contra el nazi fascismo. Son, por tanto, valores antifascistas, inscritos en los memoriales que jalonan la geografía europea, entre ellos los que honran a las Brigadas Internacionales. No existe en Europa nada similar a una esperpéntica cruz como la de Cuelgamuros, visible a decenas de kilómetros. Una cruz que no es cruz, sino gigantesca espada fascista clavada en el corazón de España. Tampoco existe en los países de nuestro entorno fundaciones que enaltezcan la figura de mamarrachos criminales, tales como Hitler, Mussolini o Franco, siendo el Reino de España la vergonzosa excepción.

Nosotras y nosotros, militares demócratas españoles, vinculados históricamente no solo a la Unión Militar Democrática (UMD), sino también a todos los militares progresistas que nos precedieron, nos identificamos con los valores antifascistas que edificaron la Europa de la postguerra, forjados en la lucha contra el horror del nazi fascismo.

Por todo ello, nos adherimos al manifiesto Por una Ley de Memoria Democrática que ponga fin a la impunidad del franquismo, a sabiendas de que sin la proclamación de la República no será plenamente efectiva, pues la monarquía es el principal obstáculo para la normalización democrática de nuestro país.

La plena Amnistía de los represaliados políticos, y la readmisión de los militares despedidos, forman parte ineludible de dicha normalización.

Unámonos, por tanto, al combate pacífico y democrático del pueblo trabajador, en alianza con los pueblos de nuestra patria, por la recuperación de las libertades y derechos políticos y sociales destruidos por el golpe militar fascista de julio de 1936. Un golpe militar fallido que derivó en la Guerra de España, en la posterior dictadura y en la reinstauración de la monarquía borbónica que nos oprime.

Por: Manuel Ruiz Robles – Capitán de Navío de la Armada, miembro de la UMD y del Colectivo Anemoi. Presidente Federal de Unidad Cívica por la República.

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