Delmira Agustini, amor, sexo y locura

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“Yo muero extrañamente…No me mata la vida no me mata la muerte, no me mata el amor. Muero de un pensamiento mudo como una herida… ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor ……….

El mismo día de la boda y poco antes de la ceremonia, Delmira, atormentada por las dudas, pidió consejo a su amigo, el escritor argentino Manuel Ugarte, con quien ya había establecido una relación epistolar amorosa. Por temor a un escándalo social o por el vínculo que eso generaría entre los dos, le aconsejó que no se echara atrás y se casara. El consejo no fue acertado, pues pocas semanas más tarde Delmira decidió regresar a la casa de sus padres.

Es famosa la frase dirigida a su madre, para explicar la dramática decisión de abandonar al esposo: “No puedo soportar más tanta vulgaridad”. Por diversas desavenencias conyugales lo abandonó un mes y medio más tarde.   El trece de noviembre interpone una demanda de divorcio alegando hechos graves, que imposibilitan cualquier reconciliación con su marido. También, se refiere a amenazas sufridas posteriormente a la separación. Casi al mismo tiempo, empieza a cartearse intensamente con Ugarte.

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