“Aznárez, el arzobispo jurador” por Arturo del Villar

0

Con cuánta alegría habrán recibido los militares de los tres ejércitos y los guardias civiles la confirmación de que Juan Antonio Aznárez ha cumplido todos los trámites, y ya es oficialmente arzobispo vicario general castrense. El mismo jolgorio que habrá habido en el palacio de la Zarzuela, debido a que también desempeña el cargo de capellán de la Casa Irreal, con el que podrán confesar sus pecados, en el improbable caso de que los cometieran, los reyes católicos de España, Felipe y Letizia, que Dios guarde.

Todo comenzó con su nombramiento para el cargo el pasado 15 de noviembre de 2021 por el papa Paco, a propuesta del rey Felipe, quien tiene derecho a presentar candidatos debido a que ostenta el mando supremo de las Fuerzas Armadas, mando que ahora comparte con el arzobispo: uno en lo material y otro en lo espiritual. Precisamente para que sea posible esa compenetración ideal entre los dos poderes, se reconoce la potestad real de la presentación de candidatos, no le vayan a meter un arzobispo republicano, caso de haber alguno.

El designado tomó posesión canónica del cargo el domingo 9 de enero de 2022, en la catedral de las Fuerzas Armadas en Madrid, con asistencia de varios arzobispos y obispos revestidos con sayas y capirotes de gran lujo, así como de militares con uniforme de gala. Parecía la representación de una película de época, sin nada más que la luz eléctrica para certificar que sucedía en el tiempo actual. Aunque cabe preguntar si puede considerarse actual la existencia del cargo de arzobispo vicario general castrense en el siglo XXI. ¿Bendecirá las armas de los soldados, los tanques, aviones y buques dispuestos para entrar en combate, como hacían los capellanes catolicorromanos durante la guerra originada por la sublevación de los militares monárquicos contra la República? Seguramente, para justificar su sueldo, porque si no hace eso ¿a qué va a dedicar su actividad?

Fue un acto religioso, al que le faltaba el complemento militar: el juramento de fidelidad por el arzobispo a España y a su rey. Tuvo lugar, esta vez con la sobriedad característica en los uniformados, el 11 de enero en el Ministerio de Defensa, ante la ministra del ramo, Margarita Robles; el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Teodoro López Calderón, y la secretaria de Estado de Defensa, Esperanza Casteleiro. Presidían las banderas bicolor borbónica y azul estrellada de la Unión Europea.

Tanto la ministra como el arzobispo pronunciaron unas pocas palabras, en las que repitieron los tópicos acostumbrados cuando se habla de los ejércitos y su arriesgada misión al servicio de la patria, derrochando espíritu de sacrificio, que todos los españoles sin excepción tanto les agradecemos, etcétera, aunque a mí nunca me han preguntado lo que opino sobre los ejércitos y los eclesiásticos, para estar incluido en el “todos” forzosamente. Como suele decirse para terminar las discusiones, quien manda, manda, y también que donde manda rey no manda vasallo.

Lo que no comentaron es cómo se combina el tercer punto del artículo 16 de la vigente Constitución borbónica, según el cual “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, con la entrega de las Fuerzas Armadas a la confesión catolicorromana. Precisamente las Fuerzas Armadas, que debieran ser neutrales en todas las materias concernientes a los órganos jurisdiccionales del reino. No hace falta explicar que el Arzobispado Castrense lo pagamos los españoles con nuestros impuestos, cualesquiera sean nuestras ideas religiosas. Pero dado que nos está prohibido opinar libremente sobre las estructuras de la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo genocida para perpetuar su régimen contra el pueblo español, debemos callar, acatar y pagar.

Arturo del Villar, Presidente del colectivo republicano tercer milenio

Artículo anteriorAbrimos un libro “Tres generaciones rebeldes” autora Montse Fernández Garrido
Artículo siguienteSintonía laica en RRR, 16.01.2022