Afganistán un Estado traicionado y un pueblo torturado

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Afganistán un Estado traicionado y un pueblo torturado.

Afganistán ha sido históricamente un “cementerio de imperios”,  desde Alejandro Magno hasta EEUU.

Pero vamos a tratar de contar la verdad a modo enciclopedia sobre Afganistán.

Un país traicionado que declaró su independencia a principios del siglo XVIII y mantuvo un régimen monárquico hasta 1973, fecha en la que se estableció la República de Afganistán, hasta que en 1978, la Revolución de Saur de inspiración comunista estableció la República Democrática de Afganistán.

La R.D de Afganistán trató de luchar contra el integrismo Islámico y dio derechos a las mujeres democratizando el derecho a la educación y comezando un difícil camino para dar una igualdad de oportunidades a la mujer en una sociedad donde nacer mujer significa ser invisible.

El gobierno de Afganistán solicitó ayuda  a la URSS a modo de intervención militar en apoyo del gobierno comunista.

Se dio inicio a la guerra de Afganistán (1978-1992), contra la guerrilla islámica, que recibió el apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudí, Pakistán y otras naciones occidentales y musulmanas.

Los EEUU financiaron, armaron y ayudaron a organizarse a los Talibanes para que lucharan contra el Afganistán Socialista y la URSS.

En 1989 los soviéticos se retiraron, pero la guerra civil prosiguió hasta que en 1996, los talibanes establecieron el Emirato Islámico de Afganistán basado en su interpretación de la Sharia.

Afganistán cayó en la Edad Media y sus mujeres pasaron a ser nuevamente esclavas invisibles.

En 2001, usando como disculpa los atentados del 11 de septiembre de 2001, una coalición internacional de la OTAN liderada por Estados Unidos entró en el país para derrocar a los talibanes y colocó en el poder al gobierno que constituye la República Islámica de Afganistán, dando inicio a una nueva guerra de Afganistán.

En 2014 Estados Unidos y la OTAN declararon formalmente que abandonaban la guerra, pero mantuvieron tropas en el país en apoyo al gobierno. En septiembre de 2020 el gobierno y el Talibán –que controlaba más de la mitad del territorio nacional para entonces– iniciaron negociaciones consideradas «históricas» con el fin de alcanzar la paz y constituir un nuevo régimen constitucional, que pueda combinar ambas visiones del Estado islámico. Las negociaciones no prosperaron y las partes se mantuvieron en conflicto hasta 2021.

En agosto de 2021, tras sucesivas conquistas en el país, el Talibán tomó el control de Afganistán luego de la retirada de tropas estadounidenses del territorio afgano y proclamaron una transición de poder hacia un nuevo gobierno dirigido por los mismos talibanes, el cual no ha sido formalmente establecido.

Hoy los EEUU vuelven a condenar a Afganistán con su vergonzosa retirada.

Los talibanes entran a las afueras de Kabul mientras huyen a Tajikistán el ahora ex  presidente Ashraf  Ghani y el antiguo vicepresidente Amrullah Salleh.

Al menos 400.000 personas intentan salir de Kabul.

Es una sacudida geoestratégica con impacto directo sobre EEUU, Rusia, Pakistán, India y por otro lado se frotan las manos China, Turquía e Irán.

Y geopolíticamente en la cartografía euroasiática, impactando en 1.800 millones de musulmanes  en 57 países de la Organización para la Cooperación Islámica (OIC, por sus siglas en inglés).

María Zajárova, la portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores de la Federación de Rusia declaró hace días: “En Afganistán se desarrolla una lucha entre dos fuerzas Y ambas fueron creadas por Estados Unidos. El mundo observa con horror el resultado de otro experimento histórico de Washington”.

Es objetivamente una derrota militar y política histórica para EEUU, Gran Bretaña y Francia.

El pueblo afgano, las mujeres afganas, quedan ahora en manos de una fuerza reaccionaria y brutal como son los talibanes (y aliados tayikos, uzbekos y otros).

Una vez más las vidas humanas no valen nada frente a los intereses económicos y geoestratégicos.

André Abeledo Fernández

 

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