“18 de julio de 1936, El golpe de estado permanente”

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Hace ochenta y tres años un golpe de estado comenzado en África el día 17, trata de derribar el régimen democrático de España, la II República.

Un golpe de estado que fue derrotado, no tanto por el Gobierno Republicano, como por las organizaciones obreras organizadas en armas. En algunas zonas, la cobardía de algunos conjurados, la lealtad a la República de una parte de la oficialidad y en Barcelona la lealtad de la Guardia Civil, que combatió entre el 18 y el 20 de julio junto con las organizaciones obreras, contribuyó a la derrota del golpe.

Un golpe que realmente comenzó el 16 de julio con el asesinato del general Balmes, Comandante de la guarnición de las Palmas que no se iba a sublevar, una guarnición clave en unas islas donde Franco era el jefe militar. Asesinato que fue seguido del fusilamiento de los militares leales, entre ellos el jefe de la aviación republicana en Marruecos, primo de Franco, que fue fusilado el 4 de agosto.

Derrotado el golpe, la ayuda de la Italia fascista y la Alemania nazi, junto con la pasividad de las democracias europeas y de EEUU dio inicio a una guerra civil.

Derrotada la República, comenzó una larga noche de piedra, un régimen genocida que en sus estertores transformado en monarquía, duró hasta 1977.

Estos últimos años, desde la derecha y sus medios de comunicación ha ido apareciendo una importante corriente, falsamente historiográfica, dedicada a la descalificación de la Segunda República, con el consiguiente blanqueo de la dictadura, que habría sido una respuesta necesaria ante un república en manos del comunismo internacional. Así, el 14 de abril no fue sino un golpe de estado que inauguró un régimen ilegítimo. Que la república naciese ante una dictadura, la de Primo de Rivera y una monarquía en colusión con la dictadura, parece un detalle sin importancia.

El golpe de estado de 1936 no puede comprenderse sin situarlo en el contexto, más amplio, de la lucha por las libertades ante un modelo de opresión al servicio de una oligarquía financiera y terrateniente con rasgos feudales. No fue el primer golpe de estado del S.XX , ni el único contra la Segunda República.

Era un modelo, la Restauración, orquestado desde finales del S.XIX, en torno a una democracia falseada por el caciquismo, un bipartidismo que se turnaba de manera ordenada, con la monarquía y la Iglesia Católica como señas de identidad y como fondo, la más dura represión, con la Guardia Civil, y cuando era necesario el ejército, contras las organizaciones obreras.

A lo largo del S.XX, las organizaciones obreras y sectores ilustrados de la burguesía, habían conseguido arrancar el sufragio universal masculino, siempre falseado, y la misma existencia de estas fuerzas obreras.

Nada se consiguió gratis, recordemos la Semana Trágica de 1909, las durísimas represiones del movimiento jornalero, dos millones de personas sometidas a condiciones feudales de explotación. Recordemos la espiral represiva que se desata a partir de 1917 con el fondo de la Revolución de Octubre.

Cuando la oligarquía ve como imparable el impulso democratizador que va ganando apoyos de forma constante, entiende que el modelo de la Restauración ya no les sirve y pasan directamente a organizar un golpe de Estado en 1923. Recordemos que en 1922 el fascismo había tomado el poder, allá como aquí con el apoyo de la monarquía.

En septiembre de 1923, el general Primo de Rivera, con la aquiescencia del monarca, da un golpe de estado que suspende las garantías constitucionales y organiza el estado en base al corporativismo fascista italiano. Por cierto, un apoyo decisivo fue el de general Sanjurjo en Zaragoza, general que en agosto de 1932 dará un golpe de estado, fracasado, contra la República.

A partir de 1926, crecen de forma exponencial las movilizaciones obreras, jornaleras y estudiantiles contra un régimen que naufraga en 1930.

Derrotada de hecho la dictadura, trata de organizar una salida ordenada que vuelva al modelo anterior. Comienzan con unas elecciones municipales porque entendían que el fuerte aparato caciquil y represivo garantizarían el triunfo de las fuerzas monárquicas en la mayor parte de España. El resultado electoral dio el triunfo en concejales a las fuerzas monárquicas, ya que los votos necesarios para obtener un concejal en la España rural eran muy reducidos. Pero el triunfo de la coalición republicanosocialista en la España urbana fue abrumador.

Este resultado electoral fue consecuencia de la oleada movilizadora a la que nos hemos referido, sin ella no puede comprenderse la debilidad de la dictadura y de la propia monarquía, que les hizo ver la imposibilidad de mantener la situación.

Y un 14 de abril, la España trabajadora, los obreros fabriles y jornaleros, los estudiantes, mujeres y la parte ilustrada de la burguesía ganada para  una república democrática, hacen nacer una república, que era, que hoy también es, una bandera de libertad.

Y en ese mismo momento comienza la actividad conspirativa antirrepublicana.

Desde abril de 1931 constan reuniones de civiles, varios de ellos nobles, y militares además de las actividades del carlismo.

Se celebró la primera en Madrid, en el domicilio del conde de Guadalhorce, y tuvo un carácter netamente monárquico. A ella asistieron, entro otros el marqués de Quintanar, Ramiro de Maeztu, José Calvo Sotelo, y José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador, al servicio del cual habían estado casi todos ellos

El objetivo de las reuniones era crear una escuela de pensamiento contrarrevolucionaria para derrocar por todos los medios a la nueva República. Para ello habla que crear un partido y preparar un programa de financiación que permitiera contar con los medios necesarios para la tarea. Ese mismo mes de abril se produjo otra reunión en el mismo sentido organizada en Leitza (Navarra) por los carlislas, en la que ya establecieron dos juntas, una del partido y otra militar

En una fecha tan temprana como el 12 de septiembre de 1931 se produce el famoso “Pacto de Territet ´´ en el cual Alfonso XIII y don Jaime, pretendiente carlista, realizan un acercamiento para un posible pacto de familia que devolviera la monarquía a España, en el cual se aplazaban las tensiones familiares.

Poco después los conspiradores, con idea de que supiera lo que se tramaba, se entrevistaron en París con Alfonso XIII, quien les entregó una carta que les permitiera gestionar en su nombre las ayudas monetarias para el plan. Esta sería la trama civil a la que posteriormente se irían uniendo otros sectores hasta confluir en la gran conspiración de julio de 1936.

En la segunda mitad del año 1931 la conspiración adquirió una dimensión importante, al unirse los generales Villegas, Cavalcanti y Goded.

La conspiración llegó a un punto clave cuando en el mes de enero de 1932, el general Sanjurjo, que hasta ese momento había sido director de la Guardia Civil, fue nombrado jefe de los Carabineros, algo considerado como un castigo por sus críticas a la política de orden público del Gobierno, ya que era un cuerpo menos importante que el de la Guardia Civil. Los conspiradores vieron una oportunidad de oro para atraerse a un militar muy importante y popular. No tuvieron que insistir mucho porque se sumó a la trama sin dificultades.

La fecha para el golpe sería el 10 de agosto de 1932. Pero la intentona fracasó estrepitosamente. El ataque al Ministerio de la Guerra no se pudo realizar y la guarnición madrileña no se sublevó. La situación fue, en principio, distinta en Sevilla donde los golpistas se hicieron con la ciudad. Desde allí, Sanjurjo hizo público un manifiesto proclamando la instauración de un régimen dictatorial, aunque sin mencionar que se restauraría la Monarquía. Pero aquello se desmoronó rápidamente al no contar con el concurso de otras guarniciones. Sanjurjo intentó huir pero fue detenido.

Juzgado, Sanjurjo fue condenado a la pena de muerte, que le fue condonada por el gobierno. En 1934, tras el triunfo de la derecha, fue amnistiado y se exilió a Portugal, donde continuó su labor conspirativa hasta julio de 1936, cuando murió al trasladarse a España el día 20 para hacerse con la dirección del golpe.

El fracaso del golpe de Sanjurjo de 1932 no desalentó a los enemigos de la República. Simplemente hizo replantearse la forma de llevar a cabo la conspiración.

Otra línea de conspiración la protagonizan las fuerzas carlistas que ya habían constituido una Junta Militar clandestina.

En marzo de 1934 se llegó a un acuerdo en Roma, mediante el cual Mussolini se comprometía a entregar armas y ayudar a formar milicias monárquicas. Pero el carlismo no se quedó atrás. En realidad, fue el que mejor organizó sus milicias, los requetés, con apoyo de Mussolini, y de algunos destacados militares, como Varela, para su instrucción. El 18 de julio los encontrará encuadrados, entrenados y armados para lo que para ellos era la cuarta guerra carlista.

Después del fracaso de la Revolución de octubre de 1934, el peso de la conspiración basculó claramente hacia el elemento militar que a partir de ahí será quien organice el golpe.

Golpeado por los casos de corrupción y con una CEDA de Gil Robles cada vez más agresiva y en proceso de fastiscización, cae el gobierno y el Frente Popular gana las elecciones del 16 de febrero. En ese mismo momento, Franco, Jefe del Estado Mayor, exige al Jefe del Gobierno, Portela Valladares que declare el estado de guerra y no reconozca los resultados electorales. Otro intento de golpe.

El fracaso de Gil-Robles abrió la segunda fase que se desarrollaría entre enero y julio de 1936, y donde se distinguieron tres dinámicas.

La primera, fue el deterioro de la convivencia y el convencimiento por parte de los líderes de la derecha de que el Gobierno del Frente Popular iba a socavar sus intereses socioeconómicos. Deciden financiar las milicias de Falange para crear un clima de violencia política que sirviese de excusa para el golpe.

La segunda, la organización de la última conspiración dirigida por una organización política, la Comunión Tradicionalista, carlista. El papel de Mola desde Pamplona, fue decisivo para incorporar a las milicias carlista al golpe.

La tercera etapa se prolongaría entre finales de mayo y julio. Fue en este periodo de tiempo cuando se gestó la trama conspirativa de Mola, cuya característica fundamental fue la articulación de un frente cívico-militar en torno a un programa político, y no sobre una ideología concreta. Esta característica, que no existió en ninguna de las operaciones anteriores, le permitió sumar los apoyos necesarios para desencadenar la rebelión que comenzó el 17 de julio de 1936.

Pero como, en realidad, el golpe fracasó, porque no se consiguió tomar el poder del Estado, los militares tuvieron que replantear sus relaciones con los elementos civiles afines, especialmente al ser conscientes de que necesitaban apoyos de sus organizaciones porque podían movilizar a las masas en la causa común. Esa es la causa de que las organizaciones carlistas y, sobre todo, la Falange, comenzaran a tener una participación muy destacada ya en los inicios de la Guerra Civil. La jerarquía eclesiástica, gran movilizadora de masas, también prestaría su valiosa aportación al bando sublevado después de comenzada la contienda., convertida en Cruzada por el Vaticano.

El golpe del 17 y 18 de julio no es, por tanto, sino el colofón de los diversos intentos, de la oligarquía, de la monarquía y de la Iglesia Católica, por frenar el proceso democratizador en España y defender hasta sus últimas consecuencias sus privilegios y sus intereses de clase.

¡VIVAN LA SEGUNDA Y LA TERCERA REPÚBLICAS!

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